Junio
16

Ad portas de la última reunión entre la CUT y el Ejecutivo por el reajuste al ingreso básico, economistas y políticos defienden la idea de elevarlo a la pretensión de 162 mil pesos que pide la multisindical y descartan que la cantidad pueda impactar negativamente el empleo.

El jueves pasado el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, y la directiva de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), encabezada por su presidente Arturo Martínez, se reunieron por tercera vez en Teatinos 120 para tratar el reajuste del salario mínimo.

A diferencia de las anteriores citas, ésta sería la primera en la que el jefe de las finanzas públicas pondría montos sobre la mesa. Por eso la expectación era mayor. Hacienda y la CUT estuvieron reunidos por casi tres horas y la distensión primó en el encuentro; constantemente se escucharon risas desde el interior del salón.

Al término de la reunión, el rostro de Velasco no decía mucho y sus declaraciones tampoco ayudaron a aclarar el panorama. “Hemos tenido una buena reunión con una excelente disposición de todas las partes y estamos trabajando”, señaló al tiempo que descartaba dar a conocer las cifras propuestas a la CUT.

En tanto, Martínez sostuvo que “se avanza, pero la recta final es el lunes (hoy). No puedo dar las cifras ni el porcentaje para respetar mi palabra, porque quedamos en un trato de caballeros de no decir nada. Estamos en la línea correcta con lo que presentamos como punto de partida (8,9%) y vamos a ver si llegamos a la meta”.

En todo caso el dirigente confidenció que el ministro mostró una mayor disposición que en ocasiones anteriores, pero que recién al final del encuentro se conocieron las propuestas. “Los últimos cinco minutos fueron los reales, porque ahí se habló de los montos”, dijo.

Durante el fin de semana trascendió que el Gobierno le habría ofrecido a la CUT un reajuste del 12,3%, cerca del monto que pretende la CUT, lo que acerca bastante las posturas y cambia el panorama observado hace un año, cuando los dirigentes de la CUT se fueron de Hacienda sin alcanzar una solución y el proyecto se fue al Congreso sólo con el visto bueno del Ejecutivo.

¿Impacto en el desempleo?

Uno de los temores de la cúpula empresarial y de algunos economistas es que un aumento abrupto del salario mínimo repercuta directamente en la contratación y en una elevación del índice de desempleo.

En el contexto de la actual negociación, el primero en abordar esta teoría fue el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Luis Schmidt, quien sostuvo que “esa situación estaría frenando la contratación, pues todo aumento debe ir de acuerdo a la productividad que se tenga, pues si todos nos ponemos a subir salarios terminaría gatillando en que se contrate a menos trabajadores”.

Pero esta postura es ampliamente rebatida a nivel político y económico. A juicio del senador PS Carlos Ominami “ese es un razonamiento bien perverso, porque responsabilizar a los trabajadores sobre la inflación y el desempleo no me parece. Eso tiene que ver con otros factores y no con el nivel de salario mínimo que en Chile no es particularmente alto”.

El legislador agrega que “me parece que el piso de negociación de la CUT de 160 mil pesos es perfectamente razonable. Creo que la medida es para recuperar el nivel de compra y también (tiene que ver) con un factor de equidad que en Chile no se está dando. Sobre si el Gobierno aceptará la propuesta de la CUT prefiero no referirme, porque estamos viviendo en este país con una realidad bastante distorsionada”, señaló Ominami.

Al respecto, el coordinador de la Comisión Meller y decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Central sostiene que “la verdad es que las ideas empíricas de los estudios de economía de la OIT muestran que no hay una relación entre el aumento del salario mínimo y el desempleo, salvo cuando hay tasas masivas de desocupación. Cuando ésta es de dos dígitos ahí evidentemente hay un problema de que el salario mínimo impacta, pero en lo demás el efecto es menor”.

Además, cabe consignar que en la década de los 90 Chile mantuvo un ritmo de crecimiento alto -a excepción del período de la crisis asiática- y el salario mínimo continuó en constante alza y no afectó el crecimiento del país o las cifras de desempleo (ver gráfico).

“Se frena la contratación”

Sin embargo, Schmidt no está solo en su planteamiento. El gerente general de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), Andrés Concha, manifiesta que si el salario mínimo es elevado afecta principalmente a trabajadores de “baja calificación”.

Además, Concha recordó que “cuando se decidió el aumento excesivo del salario mínimo para los años 1998 a 2000, no se previeron los efectos adicionales que sobre el empleo tuvo la crisis asiática”.

En tanto, la economista del Instituto Libertad y Desarrollo (LyD), Rosanna Costa, agrega que “si el salario mínimo está por sobre la productividad frena la contratación. El salario mínimo en Chile está comparativamente alto a niveles internacionales castigando a un grupo de trabajadores, dejándolo fuera del mercado laboral”.

Para Hernan Frigolett, economista de Aserta consultores, la discusión está netamente ligada con quien emite la opinión. “Si son los empresarios, genera desempleo, y los trabajadores buscan un salario justo de acuerdo a la productividad que están aplicando. Cada una de las partes pone los intereses por delante”, aunque aclara que “el salario mínimo en general no tiene grandes costos en términos de provocar desempleo, lo que sí hace es un ajuste marginal en términos de que mucha gente toma ese salario mínimo como salario base y sobre ése se van montando comisiones y ese tipo de cosas. El comercio opera así, algunas empresas de servicio también operan así”.

En todo caso Frigolett no ve tan exagerada la petición de la CUT de reajustar un 12,5% los ingresos básicos, porque pone en la balanza varios datos. “Si se toma en cuenta la inflación que hubo de junio de 2007 a junio 2008 (a mayo de 2008 ya es de 8,9%), el reajuste del año pasado (6,6%) quedó al debe con una caída aproximada de 3,5%. A junio de 2009 la inflación va a estar del orden del 5,0% ó 5,5% y eso sumado nos da un 9%. Un aumento por productividad, que por muy baja que sea, es de entre 1,5% y un 2,0%, da un 10,5%. 144 mil pesos más 10,5 % de reajuste nos da 160 mil considerando eso”, plantea el experto.

EMPRESARIOS: LOS GRANDES AUSENTES EN LA NEGOCIACIÓN

Varios economistas plantean que la productividad debe ser el elemento clave para definir el aumento del salario mínimo, pero precisamente los empresarios -actores determinantes en esto- quienes no están presentes en las rondas de negociación. Andrés Marinakis, experto en Políticas de Mercado e Instituciones Laborales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), centra el debate en este factor. “Para el período inmediatamente posterior a la crisis asiática, varios analistas atribuyen al incremento del salario mínimo una parte de las pérdidas en el empleo. Lo que más faltó en esa oportunidad, como falta ahora mismo, es la presencia del sector empresarial en la mesa de discusión para expresar su punto de vista. Esa ausencia es ciertamente una de las grandes debilidades del proceso de fijación en Chile y, contrariamente a lo que sucede en otros países, esto no se debe a una determinación del gobierno sino a una autoexclusión del sector empresarial. Sería fundamental que en Chile se pudiera constituir una mesa tripartita para discutir la política de salario mínimo”.

En tanto, el diputado DC Eduardo Saffirio critica la postura del empresariado. “Sólo dos años (91-92) han estado en la mesa de negociación. No tienen voluntad de diálogo con locutores laborales. Aceptar una mesa de diálogo con los trabajadores y el Gobierno significaría que tendrían que aceptar el diálogo tripartito”, plantea.

INGRESO O PODER ADQUISITIVO

“No hay duda en que mientras más alto sea el salario menos atractiva es la contratación por parte de la empresa”, señala el académico de la Universidad de Chile, Joseph Ramos.

Pero aclara que “hay que conciliar dos cosas. Por un lado el desempleo y por el otro el nivel o poder adquisitivo del ingreso para gente modesta, entonces la conciliación de esas cosas debe ser la negociación”.

Ramos cree que si el salario mínimo aumenta un 12,5% es posible que se “den algunos efectos colaterales de reducción de demanda por empleo o desempleo”.

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1 Comentario

Marcos Latorre 04/07/08 @ 14:21

Existen diversas formas de fomentar la distribución del ingreso a uno más equitativo, considerando el rol del estado en la fijación del sueldo mínimo y los subsidios para fomentar la reactivación de la producción nacional, PIB, aumento de empleo (vía transferencias TR e impuestos T).

a.-) Cada vez que la inflación acumule un monto determinado, por ejemplo 5 por ciento, reajustar en forma automático el salarios mínimos sin necesidad de debatir un nuevo proyecto de ley ni hacer negociaciones para fijar un nuevo monto. Con esto se aminora el efecto del IPC en las remuneraciones de los trabajadores.

b.-) Sueldo ético: Fijar un sueldo mínimo que es el vigente y establecer una diferencia con el sueldo ético ($250.000.-), para el caso de las empresas que tengan utilidades de más de 1.000 millones de pesos, lo deben garantizar ellos y para las empresas pequeñas: Pymes que tengan ventas inferiores, que el Estado subsidie la diferencia entre el sueldo mínimo y el ético, financiado con un aumento en la tasa impositiva a todas las empresas.
c.-) Una de cada 20 empresas que se forman pasan los 3 años de vida y muchas veces los empresarios quedan endeudados por años, sin embargo 8 de cada 100 trabajadores potenciales quedan sin empleo y pueden recibir subsidio de cesantía. El Estado revise sus costos para poder entregar el subsidio equivalente al sueldo mínimo (financiado con tasa impositiva) y así dejar que la oferta y demanda de empleo fije el precio de éste. Eso ayudaría a los trabajadores y en definitiva nos llevaría al desarrollo.
d.-) Mayor educación por la vía de subsidios en un % importante y con saldo preferencial más masivo. Énfasis a la clase media que carece de beneficios importantes.
La propuesta apunta a algunas de estas ideas o una mezcla de ellas para lograr distribución del ingreso más equitativo.

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