Abril
30

Por Nicolás Chadud *

Algunos autores sostienen que hablar de derechas e izquierdas es asunto del pasado o propio de los nostálgicos del comunismo. La forma de organizar la sociedad se encontraría resuelta, el resto tiene que ver con la eficiencia y con la capacidad técnica de gestionar -lo que ya se sabe- y resolver los “problemas concretos de la gente” (1). La verdad es que esta afirmación no convence del todo y posee escasa capacidad explicativa del sistema-mundo (2). La necesidad de referirnos a izquierdas y derechas se hace necesario no tan sólo porque facilita el análisis político, sino porque persisten corrientes de pensamiento político que se originan y contraponen filosóficamente desde la Grecia Clásica hasta hoy en día, aun cuando este lenguaje se vuelve más recurrente desde el siglo XIX en adelante.

El hecho objetivo de que hayan fracasado los socialismos reales, la URSS y en general las economías centralizadas, autárquicas y planificadoras, no es un argumento suficiente y fiable siquiera para neutralizar los conceptos de izquierda y derecha. Que una doctrina política se haya impuesto sobre otras en un momento histórico determinado, no implica que sea ésta la más correcta o idónea a la que puede aspirar la humanidad (3).

Por otro lado, el liberalismo económico se encuentra muy lejos de satisfacer las necesidades básicas de la humanidad, ni siquiera ha cumplido con sus propias promesas o pronósticos (4), ha traicionado la idea misma del individuo como motor del desarrollo económico y se ha privilegiado una economía mundial del avasallamiento -véase lo que sucede en Irak- en el cual los países más poderosos se apropian o destruyen los recursos naturales y humanos de los países más pequeños (5), frecuentemente con el pretexto de combatir a los enemigos de la paz mundial. “Si aspiramos a entender el mundo, es importante que no permitamos que se relegue al olvido el pasado reciente. Estados Unidos y el Reino Unido proclamaron el derecho a invadir Irak porque estaba desarrollando armas de destrucción masiva (6).

Hablar de derechas e izquierdas se hace necesario sobre todo en un contexto sociopolítico mundial “devorador” de las diversas formas de concebir el sentido de la existencia humana. “Fin de las Ideologías o Fin de la Historia” es algo muy de nuestro tiempo, aunque ya algunos como Fukuyama se hayan arrepentido verbalmente. La historia se construye y reconstruye día a día. Las relaciones de poder y la subjetividad persisten en todo nivel teórico y práctico. No se deben considerar como fenómenos necesariamente perjudiciales, extraños o anómalos. Por tanto es necesario, creíble y legitimo de exponer, por ejemplo, la misión histórica de la izquierda o la derecha en un determinado lugar, a pesar del discurso forzosamente homologador de la ideología dominante.

Uno de los conceptos que históricamente ha caracterizado a la izquierda política es el de cambio en un sentido emancipador; es decir lograr la transformación, mutación o evolución de la sociedad para romper con diversos tipos de privilegios (7) y así alcanzar mayores niveles de igualdad en un sentido amplio del término, con mayor o menor nivel de radicalidad (8); es lo que definitivamente la distingue del conservadurismo y del pensamiento político de derechas, que en última instancia reivindica la tradición en sus variadas aristas. Si bien el concepto se encuentra actualmente “manoseado” e incluso desprestigiado y desacreditado, se hace menester reapropiarse de él desde una perspectiva progresista y libertaria.

Ese es el concepto por excelencia que debería guiar a la izquierda en cualquier parte del Mundo, puesto que la idea de cambio es lo que le da sentido efectivo a la política como espacio para el debate y especialmente como lugar para modificar las cosas o romper con la tradición. La sola posibilidad de transformar el statu quo en una sociedad es un incentivo ideológico potente para involucrarse en ella. Ahora bien, “el problema metodológico” que se viene de inmediato es: ¿qué cambiar? y, desde luego, ¿cuánto cambiar? Las respuestas a esas interrogantes deben provenir sólo después de realizar un diagnóstico certero, un análisis sinérgico y riguroso de la realidad social, política, económica y cultural que nos rodea, especialmente si reivindicamos una propuesta política que sea sustentable empíricamente. Es decir, una propuesta que sea materializable en un tiempo y en un espacio determinado.

Los desafíos de la izquierda en el denominado Mundo Árabe comparten alguna de las metas que existen en otras partes del planeta, por ejemplo enfrentar el asunto de las desigualdades socioeconómicas, que son cada vez más crecientes, pero por cierto debería poseer también sus propias aspiraciones, de acuerdo a la realidad que ahí se vive. Desde luego que en el Mundo Árabe se experimentan diversos escenarios socioeconómicos, muy heterogéneos y a veces muy diferenciados entre si. Si comparamos, a modo de ejemplo, el panorama económico de los Emiratos Árabes Unidos o Qatar en relación a su vecino Yemen o Marruecos en la zona del Magreb, las diferencias son abismales. Esas diferencias sociales y económicas se reflejan también internamente, aunque no con la magnitud de América Latina.

Sin embargo, se debe tener la capacidad intelectual para elaborar análisis que sean capaces de identificar también aquellos elementos políticos que son comunes. Éste es un punto decisivo, definitorio, un punto de dislocación como se dice, puesto que se presencia una matriz política que en mayor o menor grado es compartida por la inmensa mayoría de los países árabes. Nos referimos a la existencia de diversos tipos de autoritarismos a nivel de jefaturas de Estado (monarquías, reinados, repúblicas hereditarias, etc.), o de manera inversa. La ausencia de democracia en aquellos países, inclusive entendida de una forma sumamente elemental y restringida, como democracia meramente electoral (9), ni hablar de democracia social o económica.

Es decir, no existen elecciones libres, competitivas y transparentes para elegir una elite para que gobierne y tome decisiones en diversas materias por un determinado período, como sucede en cualquier democracia representativa. Por cierto, tampoco se aseguran derechos civiles o libertades básicas. Atención, no nos referimos a democracias que no reflejan o se distancien de las preferencias o intereses de la ciudadanía, como suele suceder en gran parte de las democracias reales, lo que da cuenta de las innumerables deficiencias o déficit democráticos, tal como lo discute la teoría democrática (10).

Estamos hablando de grupos de personas, familias reales, élites, que se encuentran enquistados en el poder, que cuentan con unos recursos económicos incalculables y que sólo toman decisiones políticas, teniendo como referentes únicos, la necesidad de seguir en el poder y de beneficiarse personalmente, cueste lo que cueste, en vidas humanas, en costes o despilfarros económicos, etc.

Se trata de un panorama político dominado por oligarquías, que legitiman su poder terrenal como producto de la gracia divina, de un poder exterior, o debido simplemente a que son descendientes del Profeta Mahoma. Nótese que homologable argumentación utilizaban los Monarcas en Europa hace unos pocos siglos atrás. Si bien hay matices entre los regímenes, lo que tienen en común también, es que se sienten portadores de unas condiciones sobrenaturales para gobernar de manera virtuosa y eso los convierte en imprescindibles. No es más que platonismo político puro.

Este tipo de argumentos políticos utilizan actualmente los Reinos de Arabia Saudita, Jordania y Marruecos, aliados históricos de Estados Unidos y Occidente en la región. No se trata de forzar un análisis marxista, pero al parecer el panorama político casi exclusivo es una división de clases sociales notorias, entre una burguesía dominante, pero lógicamente minoritaria, que controla el aparato del estado y la economía, en contraposición al resto de las masas empobrecidas, sin grandes posibilidades de desarrollo económico y social. “Liberar Palestina” bajo las presentes circunstancias es realmente un sueño de niños inocentes, si no se considera previamente el alto nivel de opresión política y económica en el interior de los países árabes.

¿Cómo puede ser posible que cada vez que en algún país árabe se realiza una manifestación masiva -en Egipto y Marruecos las más recientes- en apoyo del pueblo palestino en su lucha de liberación nacional o en la resistencia a los crímenes israelíes, las fuerzas del orden abran fuego indiscriminadamente contra los ciudadanos que se manifiestan? Los Gobiernos Árabes se encuentran sumamente pendientes -para reprimir- de cualquier acto político que pueda significar desestabilización a sus posiciones y privilegios de poder. Estos acontecimientos, desde luego, suponen en buena medida que la causa palestina ha sido defendida sólo en apariencia y utilizada retóricamente por los regímenes vigentes, para hacer propaganda oficial sobre sus esfuerzos y así legitimarse ante los pueblos.

No cabe duda que remplazar los regímenes autoritarios por unos democráticos es el principal desafío de la izquierda en el Mundo Árabe. Nuevamente la idea de cambio surge como una necesidad imperiosa, esta vez para un proceso de democratización sustantiva (11). Por lo pronto, no se percibe una fuerza política capaz de poder lograrlo en algún país (12), pero se debe comenzar a generar las condiciones para que ello ocurra.

Lógicamente es absurdo pensar que lo que intenta hacer Estados Unidos en Irak es imponer una democracia representativa propiamente tal (13). Es una nueva expedición colonial en la región más rica en hidrocarburos, que se realiza en el momento de mayor debilidad para Estados Unidos en el último tiempo y por tanto puede ser totalmente contraproducente a sus propios intereses declarados, entre éstos la seguridad. “Un estudio del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) reveló que “un 85 por ciento de los militantes saudíes que acudieron a Irak no eran integrantes de la lista de vigilancia de ningún gobierno, miembros de Al-Qaeda o simpatizantes del terrorismo”, sino que se habían “radicalizado casi en exclusiva por la invasión de la Coalición”” (14). Como producto de las intervenciones y ocupaciones militares principalmente de Estados Unidos, Inglaterra e Israel en la región, se están multiplicando cada día el número de jóvenes que se encuentran dispuestos al martirio con tal de expulsar a las tropas extranjeras.

Ahora bien, se debe advertir que no bastaría con remplazar a los regímenes autoritarios para realizar cambios políticos y así reflejar más fidedignamente los interesas generales de los ciudadanos árabes (15) o de las grandes mayorías. Existen ejemplos históricos numerosos que demuestran que tomar el control del Estado no es suficiente para generar cambios para transformar la sociedad. “Ésta fue la estrategia que adoptaron los marxistas a nombre del movimiento obrero. Ésta fue la estrategia que adaptaron los políticos nacionalistas…así como los movimientos de las llamadas minorías…Fueron los militantes y las masas quienes a fin de cuentas descubrieron que los resultados estaban tan por debajo de sus expectativas…” (16). Es lo que de alguna forma sucedió también con Nasser y el panarabismo en el poder, la pura voluntad política no es suficiente para superar la sociedad tradicional y capitalista.

Se requiere un trabajo político a nivel de bases sociales, ganar un espacio en la sociedad civil, con proyectos comunitarios, abrir iniciativas para el emprendimiento, educar y capacitar a nuevos liderazgos, incentivar la participación política a nivel local, y así generar las condiciones políticas para un cambio más estructural en lo socioeconómico. Lo anterior no va a resultar nada fácil para los movimientos y partidos de izquierda puesto que se ven enfrentados a un poder muy totalizante que recurre continuamente a la persecución y extorsión política, principalmente con el consentimiento de las grandes potencias que poseen intereses muy específicos en la región (17). Bajo las presentes condiciones políticas, la clandestinidad y la disciplina son herramientas cruciales para cumplir con los objetivos aquí propuestos.

La democracia como aquí se expone no es causa de mejoras en la representatividad en cuanto a los derechos sociales o económicos, intereses o aspiraciones de los ciudadanos, pero sí una condición indispensable. Con gobiernos autoritarios y corruptos, no existe la posibilidad remota de que se resuelvan mínimamente los problemas internos sociales y económicos; desigualdades, falta de oportunidades de desarrollo laboral y profesional, carencia de infraestructura básica, problemas de sanidad, entre otros. Ni mucho menos, los problemas que aquejan al Mundo Árabe como conjunto, la resolución del conflicto palestino- israelí y la presencia de Estados Unidos en la región, como potencia ocupante en Irak.

Una nueva izquierda en los países árabes debe definir, priorizar y lograr objetivos políticos que tienen que ver con democratizar en un sentido político a las sociedades en primera instancia, para luego poder llevar a cabo cambios en el ámbito económico y social, pero no se puede perder tiempo mientras no se accede al poder político formal. Por ello se debe recurrir a generar cambios culturales, que se reflejen en el pensamiento y la reflexión política, trabajar con la sociedad civil para organizarla como tal – es decir con real independencia del Estado-, tal como lo hacen los partidos islamistas, que son los que por el momento monopolizan las alternativas de cambio y los que en definitiva le han ganado los espacios políticos a las izquierdas.

En la medida que se instalen gobiernos electos, al menos con características de poliarquía (18), mayores posibilidades existen para que se reflejen de mejor forma los derechos, intereses y preferencias de los ciudadanos árabes. En definitiva, el presente escrito es una propuesta de ruta posible para que se reconstruyan las sociedades árabes con posibilidades reales de desarrollo económico, democrático y justicia social para sus ciudadanos, cooperando con otros países, pero sin aceptar interferencias de carácter colonial o imposiciones culturales. Para lograr una utopía mayor se requiere voluntad política, valentía, astucia, creatividad y sobre todo, capacidad de organización y cooperación supranacional.

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1. Frase célebre del conservadurismo político chileno.

2. Concepto compuesto utilizado por Immanuel Wallerstein.

3. Se debe tomar en cuenta que los países que han logrado mayores niveles de desarrollo económico, humano y seguridad social, como las democracias nórdicas, si bien poseen Economías de Mercado, han desarrollado también Estados de Bienestar, que les permiten asegurar ciertos derechos económicos y sociales elementales, lo que contribuye notablemente para obtener altos niveles de igualdad e integración social.

4. A modo de ejemplo, el intercambio comercial mundial no ha frenado las guerras, tal como lo pronosticaba la doctrina liberal de las Relaciones Internacionales.

5. Estados Unidos en Irak ha llevado a cabo una política sistemática para aniquilar a los académicos iraquíes, ya van cientos según diversos Organismos Internacionales. Irak y Palestina ya comienzan a mostrar cifras similares al África Subsahariana, región que aún sufre de estragos como fruto principalmente del colonialismo.

6. Chomski, Noam, ESTADOS FALLIDOS. El abuso del poder y el ataque a la democracia , Ediciones B, Argentina, 2007, p. 33.

7. De casta, raza, clase, etc.

8. Según Bobbio, proponer igualdad no es lo mismo que ser igualitarista, es decir “lo mismo para todos”. Revisar el texto: “Derecha e Izquierda. Razones y significados de una distinción política”. De Norberto Bobbio. Madrid, Taurus, 1995.

9. Democracia electoral es un concepto utilizado por Larry Diamond en su artículo “¿Puede el mundo entero ser democrático?”. “Revista Española de Ciencias Políticas”. Nº 9, 2003.

10. Se recomienda revisar el siguiente artículo: “Elecciones y representación”. De Manin, Przeworski y Stokes . Zona Abierta. Voto y control político. 2002.

11. Uno de los mayores errores de la izquierda en el Siglo XX es haber concedido en buena medida el concepto de democracia al conservadurismo político, en instancias que siempre ha sido un concepto netamente revolucionario, propio de cambio. “Para un régimen democrático, estar en transformación es su condición natural; la democracia es dinámica, el despotismo es estático y siempre es igual a sí mismo”. Bobbio, Norberto, El futuro de la democracia , Fondo de Cultura Económica, México, 1984, p. 15.

12. Sería también interesante intelectualmente realizar un rastreo de cómo se llegó a esta situación política. Por de pronto, varios fenómenos políticos que se relacionan y entrecruzan; el Colonialismo, el Imperialismo, el Orientalismo y, desde luego, la débil capacidad de autocrítica política, producto en parte, de los efervescentes nacionalismos árabes desde la década de los cuarenta y cincuenta, y de ahí en adelante, que rechazaban cualquier tipo de “distracciones” con tal de conseguir el “objetivo final”. “En los mundos árabes y musulmán, existe una larga historia de intentos de avanzar en democracia y derechos humanos, a menudo bloqueados por la intervención imperial occidental…El politólogo Adid Dawisha escribe que “los británicos eran singularmente hostiles a las prácticas democráticas si las percibían como un obstáculo para sus intereses””. Chomski, Noam, ESTADOS FALLIDOS. El abuso del poder y el ataque a la democracia , Ediciones B, Argentina, 2007, pp. 199-200.

13. Para que se pueda construir una democracia representativa tal como se conoce, se hace necesario la existencia de un Estado. Según Weber, lo que define a un Estado es que posee el monopolio legítimo de la fuerza en el interior de un territorio. Con un ejército extranjero o varios, eso es imposible.

14. Chomski, Noam, ESTADOS FALLIDOS. El abuso del poder y el ataque a la democracia , Ediciones B, Argentina, 2007, p. 28.

15. Según Norberto Bobbio en su libro “El futuro de la democracia” los representantes de los ciudadanos están llamados a resguardar los intereses generales de los ciudadanos y no los intereses de ningún grupo en particular.

16. Wallerstein, Immanuel, La decadencia del poder estadounidense. Estados Unidos en un mundo caótico , LOM Ediciones, Chile, 2005, pp. 48-49.

17. A pesar de que las grandes potencias occidentales vociferan a favor de la democracia, los hechos demuestran lo contrario, cuando se producen elecciones y triunfan partidos o candidatos que no son de su agrado. Un buen ejemplo es el triunfo del Frente Islámico de Salvación (FIS) en la Argelia de 1992. La tesis que sostengo es que Occidente apoyó el Golpe de Estado que hundió al país en una guerra civil muy destructiva, no porque el FIS fuese de tendencia islamista, sino porque su llegada al poder político significaba un reordenamiento y una redistribución de los recursos nacionales y esas decisiones, desde luego, afectarían los intereses económicos de países como Francia o Inglaterra. El caso de Hamás en Palestina también es muy ilustrativo al respecto.

18. Revisar la obra de Robert Dahl.

Fuente: www.hojaderuta.org

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Nicolás Chadud
Cientista Político

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