Mayo
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Los acontecimientos de Mayo del 68 constituyeron un desafío con frecuencia festivo a todas las formas de autoridad en una Francia en pleno crecimiento pero con estructuras aún rígidas, subrayan diversos expertos o actores del período.

“El antiautoritarismo es un componente esencial del movimiento de Mayo del 68″, considera Patrick Rotman, autor de varios libros y documentales sobre esos acontecimientos, que menciona la oposición al poder político y a la escuela, la empresa, la iglesia.

La esfera privada fue particularmente influenciada por los acontecimientos de mayo. En los años sesenta, “las relaciones hombre/mujer, padres/hijos eran aún muy rígidas y arcaicas. Esos marcos estallaron en mayo-junio y sobre todo después”, indica a la AFP Michelle Zancarini, profesora de historia en la Universidad de Lyon.

Hasta 1965, la mujer casada no tenía derecho a abrir una cuenta bancaria ni a trabajar sin consentimiento del marido. Las mujeres no pueden trabajar vestidas con pantalón, la píldora acaba de ser autorizada, no existe el divorcio de mutuo acuerdo, las vacaciones pagadas no están generalizadas y la censura es omnipresente sobre todo en televisión, donde una presentadora es despedida por haber enseñado demasiado las rodillas.

Después de mayo de 1968, se votan leyes importantes para la pareja: autoridad parental compartida (1970), reforma del divorcio (1975), legalización del aborto (1975), destaca Zancarini.

“Cambia del todo la manera de educar a los hijos”, agrega esta historiadora. El niño pasa a ser considerado persona, puede tomar la palabra en casa. En la enseñanza, se tambalea la figura del profesor todopoderoso. Los estudiantes reclaman poder para sus delegados. Las clases mixtas son obligatorias en primaria y secundaria a partir de 1975.

La patronal autoritaria o paternalista también se pone en entredicho. En 1968 aparece el término autogestión, que tendrá su momento de gloria en los años setenta y en particular cuando los obreros toman la fábrica de relojes Lip en 1973.

“Después de mayo de 1968, las relaciones de poder no han desaparecido pero sí se han modificado. Se impone menos, se habla, se informa, se negocia más, en la familia, en la pareja, en clase, en el trabajo, en la ciudad”, estima Henri Weber, un ‘ex’ del 68, en un ensayo titulado ‘¿Liquidamos Mayo del 68?’.

Cuarenta años después, el presidente Nicolas Sarkozy está por la labor de liquidar la herencia de esa revuelta estudiantil, para él símbolo de decadencia y laxismo, aunque muchos la siguen viendo como un formidable impulso de libertad.

Una avalancha de publicaciones -un centenar de libros tratan el tema-, ediciones especiales de diarios, programas de radio y televisión alimentarán el debate sobre este momento clave de la historia contemporánea francesa.

Con sus barricadas en el Barrio Latino de París, sus facultades ocupadas y sus lemas libertarios, tan célebres como “Debajo de los adoquines, la playa” o “Prohibido prohibir”, Mayo del 68 es para la derecha francesa el culpable de la destrucción de los valores morales y del fracaso de la escuela.

El filósofo Raymond Aron fue el primero en denunciar Mayo del 68 desde la derecha gaullista, e intelectuales y prensa comunistas, desde la izquierda, criticaron en seguida a los “izquierdistas” que hacían el juego del poder.

Régis Debray, ex compañero de revoluciones bolivianas del Che Guevara, se burló en 1978 del “psicodrama anarco”.

Un sondeo reciente, en cambio, refleja que una mayoría de franceses, el 74% de los consultados, ve positiva la herencia de Mayo del 68, “más bien” positiva en concreto para el reparto de tareas entre hombres y mujeres (80%), la sexualidad (72%) o las relaciones padres-hijos (64%).

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